Gregorio Ordóñez, verano de 1993. Fundación Gregorio Ordóñez.
Nota preliminar: La historia que sigue es una ficción, pero se basa en hechos que podrían haber sido reales.
Kepa salió del caserío, el último de entre todos los reunidos, y fue bajando la cuesta hasta la pequeña zona industrial donde había dejado el coche. Era noviembre y hacía frío. No era Lapurdi la zona que más le gustaba a ese lado de la muga, pero las reuniones en Angelu le eran cómodas. Miró a su alrededor al ver su furgoneta. En aquel polígono, su vehículo rotulado como reparaciones eléctricas no llamaba la atención. Se quedó cerca, pero no se subió. Repasó lo que tenía que hacer: Primero, pasar por un supermercado y hacer las compras de “productos franceses” que le había encargado su mujer. Esa era la parte cómoda de la zona, todo estaba a mano. No tenía prisa, le había dicho a su jefe que tenía unos servicios por la zona y lo entendió enseguida: le dijo que fuera tranquilo. Su jefe era un extremeño jatorra y desde que encerraron a su hijo en Aranjuez se había vuelto muy colaborador. Kepa, sin embargo, era un miembro legal del Comando Donosti. Vida normal, no estaba fichado ni fugado.
Una última ojeada y se subió en el coche. Arrancó y condujo hasta el Leclerc. Una vez en el parking, repasó mentalmente la reunión de la que acababa de salir. Los participantes de la misma no podían tomar notas. Solamente el aparato político podía. Por eso le gustaba dedicar tiempo a interiorizar las cosas. La misma fue positiva para él, llevaba los deberes hechos: objetivos, sus rutas, matrículas, documentaciones, pisos… Fue una reunión monográfica: preparar las elecciones municipales de mayo de 1995.
Hubo tensión entre el aparato político y el aparato militar a la hora de elaborar listas electorales, pero la bronca se la llevó la tesorera por no cumplir los objetivos tras la baja recaudación de fondos a través del impuesto revolucionario. Cada vez se necesitaba más dinero para asegurar el crecimiento y para la campaña: actos, presentación de candidatos, presencia en medios… todo eso había que pagarlo.
Aunque Kepa estaba en el aparato logístico, le pidieron que difundiera un par de consignas a las gestoras, makos y herrikos. A partir de febrero y durante toda la campaña electoral, nada de kale borroka y perfil bajo en las cárceles. Por último, y dentro del orden del día, le pidieron que supervisara personalmente la infraestructura necesaria para el asesinato del previsible candidato del PP a la alcaldía de Donosti. Los políticos del PP se habían convertido en objetivos permanentes y matar, o levantar, que es como se referían al asesinato, necesitaba el consenso entre el aparato militar y político. El acuerdo se consiguió de manera instantánea, no obstante, Kepa lo consideraba precipitado. Lo tenía en su radar, pero le habían pedido actuación de inmediato y no le gustaba: se acercaban las navidades y rutas, horarios, rutinas podían cambiar. Así que planteó la posibilidad de dejarlo para después del 6 de enero. A pesar de las prisas de unos y otros, su consejo se aceptó.
El apremio del representante político venía de la preocupación ante la posibilidad de tener un alcalde del PP en Donosti: quería levantar cuanto antes a Gregorio para que no se relacionara con la campaña electoral. Los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo del 12 de junio de 1994 ponían al PP como la fuerza más votada en San Sebastián y eso había que atajarlo. La cosa pintaba bien para el PP en Donosti y también a nivel nacional. Gregorio Ordóñez crecía. No solo era que hablaba alto y claro, sino que se le escuchaba. Su mensaje y su coherencia encajaban en asociaciones, en colectivos, en barrios, en clubes… Además, la izquierda abertzale veía a un alcalde del PP con capacidad para pactar con el PNV y con el PSOE.
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El 23 de enero de 1995, Gregorio Ordóñez fue asesinado en Donosti con la ligereza de haber sido un punto más de una estrategia electoral. Se cumple este mes de enero el 30 aniversario. Hace 5 años, la Fundación Gregorio Ordóñez organizó una exposición biográfica y también se editó un libro con el mismo título “La Vida Posible”. Recordar para no olvidar, recordar para que los que no tienen recuerdos conozcan. Recordar para hacer honor al presente. Recordar para oponerse a perdonar la injusticia: la de hoy además de la de hace 30 años. Memoria contra olvido.
Relatar el asesinato es corto: eran las 15:25 h del 23 de enero. Apenas 3 días antes, Gregorio había sido designado oficialmente candidato del Partido Popular a la alcaldía de San Sebastián. Ese día comía con compañeros en el restaurante La Cepa. Un hombre entró en el bar, llevaba un chubasquero rojo y un gorro. Se acercó a su víctima y le metió un tiro en la cabeza: se dio la vuelta y, aunque tropezó con otro cliente, pudo salir sin problema. El bar se paralizó. Fuera le esperaba un cómplice y dentro dejó el cadáver de quien no iba a ser alcalde de San Sebastián y un casquillo 9 mm parabellum. María San Gil, compañera de mesa y trabajadora en el equipo de Gregorio del ayuntamiento, salió corriendo tras un hombre con un chubasquero rojo.
El 24 de enero, el Ayuntamiento de Donosti decretó 3 días de luto oficial en un pleno. El resultado de la votación fue unánime: 6 votos de EA-Eusko Alkartasuna, 5 votos del PSOE (con Odón Elorza como alcalde), 5 votos del PP, 4 votos del PNV y 2 votos de EE-Euskadiko Ezkerra. Los 5 concejales de HB no asistieron al pleno, ni asistieron a los funerales del mismo día en la Sagrada Familia, ni condenaron el atentado. Ninguno excepto la concejala Begoña Garmendia, quien lo condenó con valentía. Pagó por ello el precio habitual: pintaron la fachada de su lugar de trabajo con un “Begoña txakurra” y fue relegada por HB al terminar la legislatura.
En las elecciones del 28 de mayo de 1995, el PP marcó su máximo electoral: 7 concejales y con 22.611 votos, la fuerza más votada. Lo consiguió improvisando a María San Gil como candidata y con un partido y unos candidatos y unos votantes todavía en shock. Tuvieron razón los “politólogos” de HB al estar preocupados. En las elecciones de 2023, el PP obtuvo 3 concejales y 10.590 votos. Suponemos que en Bildu ya no están preocupados, pero sí muy agradecidos, a esos estrategas electorales que les precedieron.
Después de Gregorio Ordóñez, ETA mató a muchos otros políticos: 12 del PP, 8 del PSOE y 2 del UPN. Pongo números y siglas: detrás hay personas y acciones y resultados. Y también detrás estaba la estrategia de HB de “socialización del sufrimiento”. Hay muchas razones para explicar el declive del PP en San Sebastián. Un declive tozudo. El asesinato laminó al PP de Donosti, al PP de Gipuzkoa y al PP vasco. Pero ningún análisis sería completo ni correcto sin afirmar la singularidad de Gregorio, su excelencia como político y como candidato, y tampoco sin recordar el día en el que ETA se convirtió en una mafia. No para amañar partidos de pelota mano en Anoeta, ni carreras de caballos en Zubieta, sino para amañar elecciones. El método es conocido: falta de candidatos, división interna, omertá… miedo y silencio. Y ahora estamos en enero de 2025. El pasado no interesa, el futuro es incierto, pero el presente de Ego Non es para hacer memoria, para recordar a un ciudadano ejemplar.
Ego Non
