Presentación

Estamos a punto de poner la primera piedra de algo que no sabemos en qué se convertirá. No somos referentes cívicos ni intelectuales. No tenemos cargos de responsabilidad en empresas ni en instituciones. No somos jóvenes ni viejos. No somos muchos. No tenemos detrás a ninguna organización. Pero hemos decidido dar un paso al frente.

Somos ciudadanos vascos que no apartan la vista ante lo que ocurre en su comunidad y que mantienen la mirada a quienes siguen empeñados en hacer del mal una virtud. Somos ciudadanos conscientes de que vivimos en una región con un pasado marcado por el terrorismo de ETA y por la complicidad de muchos en ese terror. Y somos conscientes de que ETA fue derrotada, pero también de que los efectos de tantos años de asesinatos y amenazas aún siguen vigentes. De que la vida política en el País Vasco no es igual para todos. De que la izquierda abertzale aún mantiene intacta su vocación de controlar quién puede hacer política en el País Vasco y quién no.
Y sobre todo somos conscientes de que en el País Vasco no se ha eliminado el culto al terrorista.

La izquierda abertzale habla de paz y convivencia mientras anima a boicotear actos políticos y cívicos legítimos y mientras recibe con honores a terroristas de ETA.
Nuestras calles son periódicamente decoradas con fotos de terroristas fallecidos o en prisión. Nuestro espacio político está ocupado por adoradores de asesinos. Y la reacción a esto es la indiferencia, la normalidad y el silencio.
Ya es suficiente. No somos importantes, pero cada uno de nosotros ha decidido que es necesario plantarse y decir: “No. No es normal”.

No es normal recibir con fuegos artificiales a quienes han asesinado a otros ciudadanos por motivos políticos. No es normal que cada poco tiempo veamos actos públicos de celebración, homenaje o recibimiento a alguien que decidió asesinar, amenazar o agredir a otras personas por motivos políticos. No es normal; o de manera más correcta, no debería serlo. Aunque buena parte de los ciudadanos vascos no quiera saber nada del asunto. Aunque muchos contemplen con indiferencia esta enfermedad moral en su tierra, cada uno de nosotros ha decidido plantarse.
Etiam Si Omnes, Ego Non. Aunque todos -o muchos- lo hagan, yo -nosotros- no.

Nuestra aspiración es muy humilde: se trata únicamente de decirlo. De decir “Yo no”. De seguir diciéndolo, puesto que muchos empezaron a decirlo hace tiempo. De recordar que es posible plantarse individualmente ante esta anormalidad social, como ya hicieron los mejores de nosotros cuando hacerlo significaba ponerse literalmente en la diana.

Somos muy pocos, no somos referentes en nada, no tenemos a nadie detrás, pero sabemos que no estamos sólo nosotros, sabemos que no estamos solos. Si crees que puedes ayudarnos a colocar la primera piedra, o simplemente quieres decir que tú tampoco, por favor, escríbenos.